Derriban Casino Royal, la herida aún sigue abierta

Este miércoles comenzaron los trabajos para demoler el Casino Royal, a casi 10 años de la muerte de 52 personas a manos de la delincuencia organizada y la corrupción de las autoridades

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A casi 10 años de la tragedia que marcó a Nuevo León, por la muerte de 52 personas a manos del crimen organizado, este miércoles comenzó la demolición del Casino Royale.

En el lugar, ubicado sobre la avenida San Jerónimo, se observa maquinaria pesada y decenas de trabajadores, que están retirando material.

Si bien, los mismos rechazaron comentar qué se construirá en este lugar, revelaron que el proceso de demolición tomará alrededor de 6 meses.

El Casino Royale que llegó a ser uno de los centros de apuestas más populares de Monterrey fue atacado por la delincuencia organizada a las 15:45 horas del 25 de agosto de 2011.

Aquel trágico día, Baltazar Saucedo Estrada, alias El Mataperros, uno de los lugartenientes del Cartel de los Zetas, ordenó a sus hombres que atacaran el lugar, debido a que los propietarios se habían negado a pagar piso, es decir, las denominadas cuotas de protección.

Al menos 5 hombres ingresaron al establecimiento, rociaron gasolina, prendieron fuego y al salir corriendo aventaron granadas de fragmentación y dispararon en contra del establecimiento para impedir que las personas que estaban adentro salieran por la puerta frontal.

Adentro del Casino Royale había al menos 52 personas, entre ellas, una mujer embarazada, quienes, en su mayoría, corrieron hacia la salida de emergencia con la que se supone debería de contar el lugar.

Las llamas se extendieron rápidamente por todo el establecimiento comercial y aunque las autoridades justificaron esta acción por la gasolina que rociaron los delincuentes, la realidad es que el establecimiento no contaba con aspersores de agua contra incendios, ni se usaron para su construcción muebles y decoración con materiales que exige la ley, para disminuir los efectos del fuego.

La corrupción que imperaba en aquel entonces en las autoridades de Protección Civil tanto municipales como estatales, impidió que el establecimiento de juegos y apuestas tuviera las características que quizá, hubiera salvado la vida a quienes estaban en el interior.

Los escasos clientes que decidieron no correr hacia la salida de emergencia, sino que optaron por usar la salida del estacionamiento subterráneo, alcanzaron a salir, para morir apenas veían la luz del sol, víctimas de la toxicidad del humo negro provocado por el incendio.

La mayor parte de los cuerpos de los empleados y clientes del casino fueron encontrados amontonados en las puertas ficticias, que debieron ser una Salida de Emergencia al fondo del edificio.

Muchos meses después, las autoridades estatales y federales, presumieron la captura de los delincuentes que supuestamente perpetraron este ataque, pero se olvidaron de los delincuentes, en ese entonces funcionarios públicos, que permitieron que la tragedia tuviera ese desenlace.

El edificio podrá ser derribado, pero la cicatriz de quienes vivimos esta tragedia, aún se encuentra en llamas y duele tanto como el primer día.